martes, 23 de octubre de 2007

Villacadima: iglesia románica de San Pedro


'El más escéptico de todos,
es el Tiempo,
que con los Nos hace Síes
y con el odio amor
y al contrario.
Y si el río no remonta a su fuente,
y si la manzana caída no salta
y se reúne con su rama
es porque te falta paciencia para creerlo'
[Paul Valéry: 'Salmo T']

***

Situado en la Sierra de Pela, muy cerca de la frontera con la provincia de Segovia, los muñones inertes de sus casas comparten soledad con una vegetación estéril, salvaje, que invade a su antojo lo que un día constituyó el hogar de familias cristianas, el rastro de cuya historia se pierde, diseminado como la simiente en el campo, en poblaciones más afortunadas y prósperas. A juzgar por el cartel, que aún indica claramente su nombre a la entrada del pueblo, el visitante que llega por primera vez todavía conserva la esperanza de encontrar a algún vecino con el que mantener una agradable conversación y al que hacer multitud de preguntas sobre el lugar; sobre su historia; sobre sus habitantes, y cómo no, acerca de la magnífica iglesia románica de San Pedro, en cuyo cartel -que se levanta, también, a la entrada del pueblo- alguien ha escrito con spray negro el siguiente grafiti: 'Castilla despierta'.
Pero como decía, no hay vecinos en Villacadima, aunque sí fantasmas que puedan llegar a despertar, si algún día ocurre un milagro similar a aquél otro que con un beso -que según la historia- liberó las encantadas pupilas de la Bella Durmiente del cuento. Por no quedar, ni siquiera queda un perro rehacio a abandonar el hogar donde un día compartió refugio y comida con seres humanos a los que consideró amos. Sólo los pájaros revolotean a su antojo por entre las ruinas de sus casas desiertas y el único sonido que se puede obtener de ellos, es su graznido, agudo, persistente y nervioso -en el caso de los cuervos y los grajos- cuando alguien perturba unos dominios que comienzan a considerar como suyos.
Nos encontramos, pues, ante un pueblo encantado que languidece lentamente -como aquellos famosos versos de Verlaine que anunciaban la inminencia del desembarco Aliado en las playas de Normandía- inmerso por completo en un sueño, que pronto se convertirá en olvido eterno.
'¿Sueñan los ovejas con sueños eléctricos?', se preguntaba el prolífico escritor Phillip K. Dick en una de sus novelas, que posteriormente la magia de Hollywood convirtió en un auténtico clásico de la ciencia-ficción: Blade Runner.
'¿Sueñan los insectos -no dejo de preguntarme yo- con llegar a ser un día los reyes indiscutibles del mundo?'. Y es que, caminando entre las ruinas, te salen al paso como un ejército de guardias fronterizos, celosos de asegurarse -y espantar, si fuera necesario- a los inoportunos forasteros que ocasionalmente transitan por allí. Los hay a montones, pero, curiosamente, es en la zona del ábside de la iglesia donde moscas y avispas aúnan esfuerzos, en una asociación que, supongo, se vuelve a disolver una vez conseguido el objetivo de rechazar al intruso que se atreve a invadir su intimidad.
Pero éste, no obstante obstinado, también tiene un objetivo que cumplir y aún permanecerá un largo rato -arriesgándose a la desesperante pesadez de unas y a las posibles y dolorosas picaduras de las otras- relamiéndose frente a la belleza inerte de una auténtica joya del expresionismo románico, que no en vano está considerada como una de las más importantes representaciones del bien llamado 'románico de la Sierra de Pela': la iglesia de San Pedro, fechada por los historiadores alrededor del año 1220.
De clara influencia mudéjar -como sus homónimas de Campisábalos y Albendiego- la iglesia de San Pedro conserva -algunos no tan intactos, como sería de desear- los suficientes enigmas en su robusta estructura, como para que su estudio resulte todo un desafío a la imaginación.

Reformada en varias ocasiones a lo largo de los siglos, en el pórtico de entrada se puede intuir, tomando como patrón las dovelas dentadas, la misma influencia de la escuela románico-mudéjar que levantó los pórticos de la cercana iglesia de San Bartolomé, en Campisábalos. Consta de cuatro arquivoltas semicirculares, mostrando la más externa una genuina decoración basada en elementos vegetales, donde tallos y hojas se entremezclan, dotándola de un efecto decorativo sorprendente, similar al que se puede contemplar en la catedral de Sigüenza, por poner un ejemplo.
Pero si interesantes son las figuras -variadas y todavía en relativo buen estado- de los canecillos que en hilera se extienden hasta el ábside, no menos interesantes e intrigantes son las marcas de cantería que, situadas precisamente debajo de éste, abren la puerta a un sin fin de posibilidades e hipótesis, a cuál más atrevida y sugestiva para los amantes de los enigmas medievales.
En efecto, constituyendo este detalle una absoluta novedad en comparación con las marcas -escasas y sencillas- que a duras penas se pueden apreciar en las iglesias homónimas de Santa Coloma y San Bartolomé, en Albendiego y Campisábalos respectivamente, el mensaje inherente a las marcas canteras de San Pedro, atrae inmediatamente la atención del investigador, susurrándole, desde la curiosa idiosincracia de su morfología, oscuras y secretas claves que se pierden en la noche de los tiempos y que posiblemente derivan, en cuanto a tradición, al tiempo de las primeras hermandades de constructores.
Curiosamente, y sirva este detalle como dato, no se aprecian huellas de marcas en el resto de la estructura; lo que puede indicar, bajo mi particular punto de vista, que esa zona específica del ábside -donde éstas se agrupan- estuviera especialmente diseñada para dejar mensajes específicos, visibles, pero cuya interpretación, no obstante, es únicamente accesible para los iniciados.
Poderosamente la atención, llaman, también, dos curiosas marcas -situadas en paralelo y a la misma altura- que por su peculiar forma, recuerdan unas suelas, y que -a falta de mejor interpretación- inducen a pensar en los zapateros, un gremio que -al igual que el de los sastres- parece hallarse a años-luz de distancia de las auténticas hermandades de constructores.
[En construcción]





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