miércoles, 12 de febrero de 2014

El románico de Cubillas del Pinar

 
 
 
 
Considerada por algunos autores como merecidamente ejemplar para incorporarla dentro del mosaico imprescindible y reseñable del románico de la provincia, la iglesia parroquial de Cubillas del Pinar hunde sus raíces en la segunda mitad del siglo XII, cuando el lugar, a instancias y con la ayuda del obispado seguntino, fue repoblándose con gentes del norte, atraídas por los avatares de una Reconquista, en la que a medida que se iban asegurando los nuevos territorios, empujaba con altibajos, pero inexorablemente, de vuelta al mar al invasor agareno.
Una prueba de su venerable antigüedad, lo demuestra, visiblemente, el estado de las columnas de la pequeña galería porticada, donde la erosión ha ejercido de escoplo y cincel, hasta el punto de hacer que la piedra se retraiga sobre sí misma, ofreciendo, de una forma natural, un aspecto cuasi silense en algunos casos. No obstante, dejando aparte este detalle, así como el de algunas acciones de remodelación que parecen haber cegado parte de la galería, el tempo que se ofrece a la vista del visitante, es un templo de hermosa factura, proporcionado y de austeridad cisterciense, ajeno, en sus detalles ornamentales, a la profusión de referencias míticas alusivas, generalmente, a los pecados capitales, temática característica y abundante en el románico peninsular, destinada a mantener a raya a un pueblo sometido por el poder feudal, pero también eminentemente temeroso de Dios.
A unos dos o tres kilómetros de Cubillas, la población de Guijosa conserva una hermosa muestra de la arquitectura militar por excelencia de la Edad Media, en su castillo, utilizado en la actualidad, si no en su totalidad al menos sí en parte, como almacén o depósito de aperos.
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