jueves, 30 de julio de 2015

Cifuentes: el cimborrio de Santo Domingo


Otra de las maravillas de Cifuentes, que generalmente suele pasar desapercibida frente a la monumentalidad de su conjunto histórico-artístico o la riqueza folklórica de sus numerosas leyendas, es ésta maravillosa y esencial parte constitutiva de la iglesia de Santo Domingo que, como ya se dijo en la entrada anterior, está unida a lo que en tiempos fuera el convento dominico de San Blas, originalmente enclavado en un lugar llamado Los Tabares, a dos kilómetros de Cifuentes: su templete o cimborrio. De bizantino diseño, reminiscencia importada de la más arcaica y sorprendente arquitectura escatológica oriental, basada en los antecedentes musulmanes referidas al Sepulchrum Domini, su forma octogonal recuerda –tanto por su belleza, como por su perfección, no exentas de sugerente misterio- los grandes hitos arquitectónicos que, tanto dentro como fuera de las lindes típicas de los caminos de peregrinación peninsular, atraen irremisiblemente la atención de peregrinos, viajeros, turistas, curiosos y amantes del Arte y de la Historia en general. Lejos, evidentemente, de la época bajo medieval en el que fueron felizmente concebidos sus precedentes románicos –Santa María de Eunate, Santo Sepulcro de Torre del Río, Vera Cruz de Segovia o Santiago, en el Monsacro asturiano-, este tipo de construcción –exenta, eso sí, de las soberbias rotondas o deambulatorios de los modelos originales- volvió a resurgir con una fuerza inaudita, a partir de los siglos XVI y XVII, cuando el declive de ese arte ar-gótico, como decía Fulcanelli, fue cediendo terreno a formas arquitectónicas con menos imaginación –bajo mi punto de vista- y más recargadas, como son los denominados estilos renacentista y barroco. Curiosamente, se constata que este tipo de construcción, suele albergar tallas de Cristo consideradas como milagrosas –caso de Almazán y Briones-, así como también, venerables advocaciones marianas –en algún caso, de Virgen Negra, como la Soterraña de Olmedo-, que despiertan, igualmente, un gran fervor popular.

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